Este artículo es la conversación que tendríamos si nos llamaras hoy pidiendo presupuesto.
La pregunta que casi nadie hace primero: ¿tu potencia contratada aguanta?
Antes de mirar cargadores, hay que mirar el contador. La mayoría de viviendas en Madrid tiene contratados entre 3,45 y 4,6 kW. Un cargador doméstico estándar consume entre 3,7 y 7,4 kW cuando está funcionando.
La cuenta es simple: si tienes 4,6 kW contratados, el horno encendido y el aire acondicionado, no queda margen para cargar el coche sin que salten los plomos.
Hay tres formas de resolverlo. La primera es ampliar potencia contratada, que suele ser lo más fácil pero encarece la factura fija cada mes. La segunda es instalar un cargador con control dinámico de carga: un dispositivo que ajusta la potencia del cargador en tiempo real según lo que esté consumiendo el resto de la casa. La tercera es cargar solo en horario valle, cuando el consumo del hogar es mínimo.
Nosotros solemos recomendar la segunda opción a casi todo el mundo. Cuesta un poco más en la instalación, pero ahorra la subida permanente de la factura fija y no obliga a pensar en qué está encendido.
Dónde ubicarlo: mucho más importante de lo que parece
En una vivienda unifamiliar es sencillo: el garaje es tuyo, decides tú. Aún así hay que pensar dos cosas. Primera, la distancia entre el cuadro eléctrico y el punto donde va a estar el cargador — cada metro extra de cable es coste añadido y, si son muchos metros, pérdidas de eficiencia. Segunda, el tipo de recorrido: superficie con canaleta, empotrado en pared, o por techo. El acabado final cambia mucho según cómo se resuelva esto.
En una comunidad de propietarios es más complicado, pero no imposible. La Ley de Propiedad Horizontal te da derecho a instalar un punto de recarga en tu plaza sin necesidad de aprobación en junta. Basta con comunicárselo al administrador. La instalación cuelga de tu contador particular, así que el consumo lo pagas tú.
Lo que sí requiere criterio es el trazado del cable desde tu contador hasta la plaza. En un garaje comunitario, ese cable puede tener que recorrer decenas de metros y pasar por zonas comunes. Un buen instalador replantea el recorrido para que sea el más corto y limpio posible, no el que le pille de camino.
La instalación real: qué pasa el día que llega el técnico
Una instalación bien hecha en una vivienda estándar lleva entre tres y cinco horas. Estos son los pasos:
Primero, verificar la instalación existente: cuadro eléctrico, diferencial, magnetotérmico. Si algo no cumple normativa, hay que resolverlo antes de instalar nada. No es negociable. Si hace falta, te lo presupuestamos aparte antes de empezar.
Segundo, tender el cable desde el cuadro hasta el punto donde irá el cargador. Aquí es donde se ve la diferencia entre un trabajo profesional y uno amateur: si el cable queda a la vista con canaletas mal alineadas, notas mala instalación cada vez que aparcas.
Tercero, instalar el cargador en pared, conectarlo y configurarlo. La configuración es el paso donde más se falla — un cargador mal configurado puede funcionar aparentemente bien y estar cargando al 50% de su potencia real, o generar disparos aleatorios que el usuario no entiende.
Cuarto, prueba en carga real. Con el coche enchufado, verificar que la corriente que llega es la que debería. Si tienes control dinámico de carga, simular varios escenarios (aire acondicionado encendido, horno funcionando) para comprobar que el cargador ajusta bien.
Quinto, explicación al cliente. Cómo se enciende, cómo se pausa, qué significa cada indicador, qué hacer si algo falla. Este paso se salta más de lo que debería.
La documentación que te tienen que dar (y a menudo no dan)
Una instalación de punto de recarga en vivienda genera dos documentos obligatorios:
El Certificado de Instalación Eléctrica (CIE), firmado por instalador autorizado en categoría Especialista según REBT. Es el documento que legaliza la instalación ante la administración. Sin él, tu compañía eléctrica puede negarte el cambio de tarifa o exigirte legalizar a posteriori con coste añadido.
La garantía por escrito sobre la mano de obra e instalación. Búfala Tech, por ejemplo, ofrece 24 meses sobre la instalación, y el cargador que suministramos tiene la garantía legal de tres años. Si tu instalador no te da nada por escrito, tienes un problema el día que algo falle.
También conviene pedir el manual del cargador, la ficha técnica de los componentes instalados y una foto del cuadro eléctrico modificado. No es obligatorio, pero un buen instalador lo entrega sin que se lo pidas.
¿Cuánto cuesta de verdad?
Es la pregunta más común y la más difícil de responder por escrito, porque cambia según tres variables: cargador elegido, complejidad de la instalación y comunidad de propietarios.
Un rango honesto: en una vivienda unifamiliar con instalación estándar, la mayoría de proyectos se resuelven entre 1.200 y 2.500 euros todo incluido (cargador de marca reconocida, instalación completa, documentación, IVA). En una comunidad de propietarios con recorrido largo, puede subir a 2.500-4.000 euros.
Cuidado con presupuestos por debajo de 800 euros que incluyan "todo". Suele significar cargador de calidad dudosa, instalación sin control de potencia, o ambos. Y luego llega la sorpresa el primer día que salta el diferencial.
Cinco preguntas que deberías hacer antes de contratar
Sea a nosotros o a otro instalador, estas cinco preguntas te dan un termómetro claro:
Uno. ¿Estáis dados de alta como instaladores autorizados categoría Especialista según REBT?
Dos. ¿Firmáis vosotros el CIE o me lo tengo que buscar por mi cuenta?
Tres. ¿Qué marca y modelo de cargador me proponéis, y por qué esa?
Cuatro. ¿La instalación incluye control dinámico de carga o hace falta ampliar la potencia contratada?
Cinco. ¿Qué garantía dais sobre la mano de obra e instalación?
Un instalador serio responde estas cinco sin dudar. Si alguna respuesta es vaga o evasiva, pide segunda opinión.
